Son las diez, las nueve en Canarias

Una día, allá por abril... a finales, o a principios de mayo, me crucé con él sin esperármelo. Salía del estudio, con la mente puesta en la noticia que acababa de leer. Iba acompañado de ni siquiera me fijé en quién. Tenía buen aspecto. Llevaba la gorra que debía haberle acompañado durante estos meses atrás. Tenía un buen color. Y sonreía. Salía del estudio y casi nos chocamos, de hecho, creo que le pisé. No supe reaccionar de manera más inteligente... le dije: ¡hombre, Carlos! ¿qué tal?. Él contestó: ¡pues muy bien, no ves que al final no me muero!
1 comentarios:
A las 5 de octubre de 2007, 11:45 ,
David Martos ha dicho...
¡Pues claro que no se ha muerto! ¿A que no? Seguimos de la mano.
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