De pasiones y perfidias

Me contaba sus conversaciones con el Presidente con la naturalidad que da el darse cuenta de que en el suelo se vive mejor; sabiendo que, por el momento, los hedonismos de lo que él allí representa aquí no valen, no sirven de nada. Se acordaba de su Guayabal natal y de cómo era su vida cuando llegó a la gran ciudad.
La fatiga le ahogaba el pecho divagando sobre cómo será cuando regrese. Si regresa. Me hablaba sobre la degradación del hombre, sobre pasiones secretas y pequeñas libertades descubiertas.
Y a mí me sorprendió allí, embelesada, en el bálsamo de una escucha que me hubiera gustado no terminar, en medio de los delirios y perfidias de la Gran Vía.
1 comentarios:
A las 19 de junio de 2007, 17:48 ,
David Martos ha dicho...
¡Cuánto ha ganado este blog desde que está alineado a la izquierda!
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